
«Hijo de la luna» es una canción de estilo balada-pop, del grupo español Mecano, compuesta y producida en 1986 por José María Cano. Se trata del quinto y último sencillo del álbum “Entre el cielo y el suelo”. Su estreno oficial se produjo el 15 de julio de 1987 en España.
Su éxito traspasó fronteras siendo número uno en varios países de América Latina, Europa y Filipinas, lo cual implicó su traducción tanto al italiano (1989) como al francés (1991)
La canción narra a modo de leyenda, la trágica historia de una mujer gitana que se enamoró de un gitano perteneciente a la etnia calé. El matrimonio entre ambos no era posible debido a que las leyes gitanas solo permitían el casamiento entre miembros de la misma tribu. La gitana con gran tristeza y desesperación reza e invoca a la Luna, para pedirle que haga que el calé llegue a ser su esposo. La Luna, en su fase de luna llena, pone una condición: podrá casarse con el hombre calé a cambio de entregarle a su primer hijo como una ofrenda. Aunque la Luna durante el trato con la gitana, la pone a prueba, pues razona que si es capaz de renunciar a su propio hijo en realidad sería incapaz de amarlo.
Los dos gitanos se casan y fruto de ese matrimonio nace un niño. Pero sus padres se quedan sorprendidos porque, aunque ambos eran de tez morena y ojos oscuros, el niño no nació con los mismos rasgos, sino que era albino «blanco como el lomo de un armiño y con los ojos grises en vez de aceituna, niño albino de luna». El padre gitano, entiende que no puede ser hijo suyo; niega la paternidad acusando a su esposa de haberle sido infiel con un payo (no gitano). La ira le lleva a apuñalarla y dejarla morir. Después toma al niño entre sus brazos y lo abandona en al monte, para que también muera. Pero la Luna lo recoge y no lo deja morir. La canción concluye diciendo: «Y las noches que haya Luna llena será porque el niño está de buenas, y si el niño llora menguará la Luna, para hacerle una cuna».
La versión coral reproduce la original de forma fiel. Escrita en Fa menor, esto permite reflejar de forma clara el dramatismo de la narración. Las múltiples dinámicas permiten además enfatizar aquellos pasajes que así lo requieren y La fluidez de su ritmo ternario se hace patente en toda la partitura. El peso de la melodía recae inicialmente sobre las sopranos, siendo las otras voces puramente acompañantes. Seguidamente son las contraltos las que adquieren un papel co-protagonista, al establecer un dúo melódico con las sopranos, para posteriormente recuperar la línea melódica inicial. La música avanza y se producen cambios de roles, de forma que en diferentes pasajes serán los tenores y finalmente los bajos los que manejen la melodía principal, siempre con el permiso y la alternancia con las sopranos.