La poetisa argentina Alfonsina Storni fue diagnosticada en 1935 de cáncer de mama, teniendo entonces que someterse a una operación quirúrgica donde se le extirpó el seno derecho. Esta mutilación fue muy traumática para ella y la marcó profundamente, sumiéndola en continuas depresiones y trastornos nerviosos que reflejaba en las letras de sus poemas. En los años siguientes su salud fue empeorando hasta que finalmente en la madrugada del 25 de octubre de 1938, tras una noche de inmenso dolor, escribe una carta para su hijo y un poema llamado “Voy a dormir” que envía al diario La Nación, abandona su habitación en el Club Argentino de Mujeres, en Mar del Plata y se suicida lanzándose al mar desde una escollera bajo una lluvia torrencial. Al día siguiente La Nación publicó su poema de despedida, cuyos dos últimos versos constituyen un misterio poético que ninguna biografía ha logrado desvelar (“Si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido…”). Casualmente, en un período de 20 meses, no solo murió Alfonsina sino también sus amigos y escritores Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones, ambos por suicidio.
Esta historia sirvió de inspiración al historiador y escritor bonaerense Álvaro Luna y al pianista Ariel Ramírez, impresionado por los recuerdos y las poesías que su padre le transmitió de Alfonsina Storni, que había sido alumna suya. La canción fue publicada por primera vez en el disco Mujeres argentinas (1969) de Mercedes Sosa.
La versión coral es de Hugo César de la Vega, destacado director de coros, arreglador y referente musical argentino.
Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más,
un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda.
Un sendero solo de penas mudas llegó
hasta la espuma.
Sabe Dios que angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz
para recostarte arrullada en el canto
de las canciones marinas.
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
la caracola.
Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida Alfonsina, vestida de mar.
Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado.
Y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado.
Bájame la lámpara un poco más,
déjame que duerma nodriza en paz
y si llama él no le digas que estoy
dile que Alfonsina no vuelve.
Y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.